domingo, 1 de marzo de 2015

Formación idílica de un docente
Después de una intensa mañana de debate entre compañeras, llegamos a la conclusión de que la formación idílica para nosotras sería una formación que se base más en la experiencia, es decir, que esté compuesta de muchas  más prácticas de observación dentro del aula de educación infantil y no sólo de unas pocas semanas puntuales. Pensamos que esa es la mejor manera de aprender sobre nuestro futuro trabajo a desarrollar.
En nuestra formación actual, tenemos multitud de tareas, (en muchos casos excesivas) las cuales no todas terminan de despertar nuestro interés, creatividad y motivación debido a la forma en las que son planteadas o porque simplemente a muchas de ellas no les vemos el sentido a la hora de trabajar como maestras.
Opinamos también que nos sería de mucha utilidad un contacto de manera habitual con otros maestros y maestras de educación infantil, que nos enseñen a través de su propia experiencia y que nos muestren su forma de proceder dentro del aula. Ya sean profesores que nos impartan clase y que anteriormente hayan ejercido como maestros, maestros ejercientes  o ya retirados.
Puesto que una de las mayores exigencias para trabajar hoy en día es tener un buen nivel de inglés, durante la carrera, se nos podría facilitar una formación más completa en este idioma, mediante la posibilidad, menos complicada, de estudiar en países de habla inglesa.
Por otro lado, en nuestra formación ideal, se sustituirían algunas asignaturas demasiado teóricas, por otras destinadas a enseñarnos a innovar y a ayudar al desarrollo de nuestra creatividad e imaginación, como por ejemplo asignaturas dedicadas a la enseñanza y realización de manualidades mediante diferentes técnicas y materiales (reciclados, papel, madera, telas, etc.).
Finalizando, haríamos más hincapié en las nuevas tecnologías, orientadas hacia el conocimiento de cómo realizar programas y herramientas que se puedan utilizar con los niños de educación infantil.
En definitiva, quizás algunas de nuestras ideas sean un tanto utópicas, pero si alguna vez se pudiesen llevar a cabo, mejorarían notablemente la formación de los profesionales de la educación infantil, y por tanto, la calidad de la educación impartida, a la misma vez que se produciría un impulso positivo en la evolución del pueblo.
Durante el periodo de inserción de un docente, nos parece de suma importancia que éste se sienta amparado. Por eso pensamos que es fundamental que exista la figura del mentor como acompañante, consejero y apoyo para el nuevo maestro, quien  va a enfrentarse a un amplio abanico de situaciones dentro de su entorno laborar, hasta ahora poco conocidas para él.
A todos nos ayuda y  reconforta  recibir una orientación ante nuevas circunstancias, por parte de personas que ya han vivido esas experiencias. Pues el nuevo maestro, en su periodo de inserción, no es menos. La existencia del mentor como guía, significará un gran apoyo y le aportará tranquilidad y seguridad a la hora de desempeñar su labor.
Además,  el contacto y el poder identificarse con otras personas  que se encuentran en las mismas circunstancias que uno mismo también resulta muy útil. Podría ser muy producente y motivador que se realicen talleres dedicados a los nuevos docentes. En éstos, los maestros podrían hablar  y realizar un intercambio de experiencias, anécdotas, ideas, temores, opiniones, dudas, soluciones, métodos de actuación, etc.
Por último, para una correcta formación permanente, el docente necesitaría de la colaboración, aplicada directamente a su labor a desempeñar, de otros profesionales que forman parte de la escuela, tales como los orientadores y psicólogos. 


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